lunes



Desde el pasado octubre estoy yendo al gimnasio. He sido sorprendentemente disciplinada y he faltado en momentos puntuales, de manera que acudo un promedio de cuatro días a la semana, a veces hasta puedo ir seis días.

A pesar de todo, no soy de esas personas que AMAN hacer ejercicio y viven para ello. Es cierto que hay ciertas cosas que me gustan, pero tener los músculos adoloridos está en lo más bajo de mi escala. Si dios no me hubiera dado el SOP, ni me acercaba al gym; procuraría aceptarme como soy y listo, pero ni modo.

Así que se me ocurrió contarles esas cosas que ODIO de ir al gimnasio. Algunos de los puntos tienen que ver con el lugar al que voy y si cambiara de lugar o disciplina quizá los tachara de mi vista, pero seguro que otros son casi universales:

1. Los selfies.

Esas personas que se toman selfie en los aparatos, sin importarles que haya gente esperando que se quiten para hacer sus rutinas ¡¿en qué demonios piensan?! Esa gente debería tener respeto por el tiempo de los demás, y si tanto les urge una foto para Facebook que se vayan al espejo.

2. El cambio de rutina.

Entiendo que si el cuerpo se acostumbra a una rutina este ya no trabaja igual, en verdad lo entiendo pero...¡duelen los músculos! Cuando te has olvidado de ese dolor toca cambiar rutina, trabajar nuevas zonas y el dolor vuelve. La última vez el vientre me dolió todo el fin de semana, porque fue una rutina bastante pesada.

3. El dolor de los músculos.

No hace falta decir más. :'(

4. Tener que andar detrás del entrenador.

Mi instructor es muy popular y seguido van a visitarlo, así que a veces tengo casi que pedir turno para pedirle asesoría, lo cual es un fastidio porque me choca interrumpir conversaciones ajenas, pero pus me recuerdo que pago por su asesoría. 

5. La máquina de subir escalones.

Dejen ustedes lo pesado que es esa máquina ¡me aburro! Cuando estoy en la elíptica o en  la caminadora me es muy fácil desconectar, al ser movimientos mecánicos y repetitivos puedo echar a volar mi mente durante el tiempo que esté usando esos aparatos. Así, mientras mi piernas repiten una y otra vez el movimiento, mi mente está analizando notas, recordando pendientes, organizando lecturas y un montón de cosas.

Pero en esa máquina no puedo desconectarme. La única vez que me distraje casi di un paso en falso en el escalón más bajo, así que debo seguir atenta al movimiento por interminables 30 minutos. Hay quienes andan contestando mensajes, pero yo nunca tengo conmigo el teléfono cuando hago ejercicio, y si lo hiciera seguro sería la distracción que trato de evitar.

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