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Gogo Guindi y Lola Herrera son dos reconocidas chefs que han decidido volver a encabezar un proyecto restaurantero, pero ahora en conjunto. Su nueva propuesta refleja perfectamente esa unión de ambas, de personalidades y gustos, así nació GOGO Y LOLA. Su nuevo restaurante se encuentra ubicado en el corazón de Polanco.

Esta unión dio como resultado una propuesta ecléctica, porque cada una fue eligiendo sus mejores platillos, los que más les gustaban o que tenían un impacto importante a lo largo de su trayectoria en los fogones. Así vemos una mezcla de platillos, principalmente de estilo mediterráneo, aunque el toque mexicano es fácil de encontrar.

Diariamente elaboran la pasta, el pan, las salsas y condimentos, de manera que todo ello está fresco. Su oferta de platillos es muy amplia, pero les hablaré de los que tuve oportunidad de probar cuando conocí el lugar.



Les confieso que cuando conocí el lugar temí ya no tener espacio para el plato principal ¡porque las entradas son deliciosas! No podía dejar de probar unas papas cambray sazonadas con limó, ajo y hierbas...aún me las saboreo.

El estilo mexicano llegó con los tacos, en esa ocasión mezclaban carnitas de atún con ensalada de berros, una comida muy fresca y ligera para cualquier temporada.


Al banquete le siguió el carpaccio de res, condimentado con solo lo necesario para mantener la ligereza de la carne y que esta sea la protagonista del platillo. Mientras me deleitaba con el carpaccio de abulón no dejaba de pensar en mi papá, para quien quién habría amado la combinación del pescado con aceite de oliva y notas cítricas.


A la hora de probar el fetuccini nos presentaron dos opciones: vongole y crema rosa. La versión Vongole era más caldosa y tenía presencia de almejas, pero mi elección fue el de crema rosa. Aquí la pasta se baña con una crema que concentra trozos de salmón y jitomate. Les confieso que aunque me encantó, sentí que era un tanto pesado y no pude terminarlo; quizá una menor ración hubiera sido perfecto para mí. Quiero puntualizar que ambas versiones podían coronarse con queso parmesano.

Como postre ofrecieron un exótico chocobetabel, como su nombre lo indica, es una especie de mousse de chocolate mezclado con betabel, fresas y espolvoreado con azúcar glass.


Para acompañar los alimentos puedes elegir un buen vino, en GOGÓ Y LOLA ofrecen tres variedades italianas bajo sus propias etiquetas: un tinto Cabernet Sauvignon, un blanco Chardonnay y un rosado Montepulciano.

Los panes que preparan ahí son tan deliciosos, que traje uno a casa y desapareció completamente al cabo de unas horas. No quedaron ni las migajas. 

Es un lugar íntimo, en el que puedes sentarte y disfrutar de la comida porque el ambiente que se respira es tranquilo, perfecto para relajarte y concentrar los sentidos en los alimentos que degustarás. Está en Emilio Castelar 213, esquina con Ibsen.

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