domingo

"...si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito” 
- Sor Juana Inés de la Cruz 

Sor Juana Inés de la Cruz es de las pocas mujeres que ocupan un lugar de primera línea en la lista de personajes históricos mexicanos. Un gran porcentaje de personas la conocen o han oído nombrar, pero realmente ese conocimiento es poco y si hablamos sobre su obra, sólo han escuchado el célebre poema "Redondillas". Pero quienes deseen adentrarse más en la figura de esta escritora novohispana, hay una forma didáctica y deliciosa de hacerlo.


No es uno de los datos más difundidos sobre Sor Juana, pero ella disfrutaba enormemente de la cocina e incluso se encargó de recopilar las recetas que se preparaban en el convento por la época virreinal.

Como bien saben, las circunstancias que se vivían en el siglo XVII impedían que una mujer pudiera estudiar y escolarizarse al mismo nivel que los hombres, quedando el convento como refugio a quienes deseaban estudiar con mayor profundidad y no deseaban enfrentarse a un matrimonio, garantizándose una protección en la vejez. Por aquellos tiempos sólo existían dos órdenes religiosas que podían elegir las mujeres: las Carmelitas Descalzas y las Jerónimas. Mientras las Carmelitas abrazaban la pobreza más absoluta, las Jerónimas podían disponer de edificios enteros como celdas, servidumbre y bibliotecas enteras.


El ex Convento de San Jerónimo fue el refugio elegido por Sor Juana Inés de la Cruz, convertido en la actualidad en la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ). Para resaltar la figura de la gran dramaturga y enlazarla con su aspecto cocinera, UCSJ y Egourmet lanzan la experiencia “Los sabores de Sor Juana”. Se trata de un recorrido histórico y gastronómico por el Ex Convento de San Jerónimo, actual sede de la Universidad, que finalizará con una comida evocativa de los sabores surgidos en los fogones religiosos.

En días pasados fui invitada a vivir esa experiencia y no pude salir más satisfecha, porque la historia es una de mis mayores pasiones, así que recorrer esas instalaciones mientras nos explicaban cómo y por qué vivían así las religiosas.



Al ser un edificio declarado Patrimonio Histórico y protegido por INAH, la estructura se mantiene intacta y sólo algunas zonas recibieron adecuaciones para convertirse en la universidad que es ahora. En la capilla se han hecho ligeras modificaciones para ayudar a la acústica de los eventos especiales que tienen lugar ahí. Es ahí y en la zona del coro donde podemos leer extractos de distintos textos de Sor Juana.


En la zona del coro podemos encontrarnos con una lápida que indica que es en ese lugar donde se encuentran sus restos. En realidad aún no se ha terminado de identificar cuál fue el cuerpo de ella, de todas las mujeres que fueron sepultadas en ese lugar, pero los estudios e investigaciones certifican que sus restos reposan junto a otras docenas de religiosas que fueron sepultadas ahí.

Es en una de las celdas, que tampoco se puede comprobar que en ella viviera Sor Juana, se disfruta de una proyección sobre su vida y obra, una creación de la propia Universidad.


La comida conventual fue el reflejo cultural vivido durante el siglo XVII, las religiosas se esmeraban en sus guisos para deleitar a las familias de sociedad y sus benefactores. En esos años, las diversas órdenes religiosas de monjas explotaron las posibilidades culinarias con ingredientes y maneras de preparación, y se preocuparon además por hacer trascender ese legado a través de recetarios; sin embargo, fue el de la Orden Jerónima con sus 36 recetas y su introducción escrita por Sor Juana la que de alguna manera brindó identidad a la comida concebida desde el enclaustramiento en el convento.

Pero entender todo eso es necesario probarlo, por lo cual al terminar el recorrido por el ex Convento nos llevaron a la siguiente calle, al restaurante-escuela Zéfiro, dependiente del UCSJ y donde los alumnos realizan sus prácticas. Ahí nos donde esperaba un menú inspirado en el recetario de las monjas jerónimas,
publicado por primera vez en 1979.



Lo primero a disfrutar es el coctel "Villa Sor Juana". En lo personal, y por rara que les parezca, no me gusta el sabor del alcohol y por ende soy abstemia, pero este coctel me pareció delicioso y suave, sin ese picor que tienen la gran parte de bebidas alcohólicas. Lo disfruté completamente.


Pero la comida, eso es algo que no soy nada abstemia y soy más bien amante. El primer plato lo preparó el Chef Juan Pablo Flores (porque honor a quien honor merece) y se trató de unas brochetas de cerdo con calabazas laminadas, cubierta con mole manchamanteles y acompañadas con puré de camote. Como lo imaginarán por sus componentes, es un platillo ligeramente dulce en armonía con el sabor del cerdo, claro que iba acompañado con vino mexicano L.A. Cetto.


Para el postre estaba la “musa”, un coulant de chocolate obscuro acompañado por helado de rompope casero (¡una delicia!), estaba el platillo iba acompañado con un verso de Sor Juana, impreso en un poco de masa, para que pudieras comer un poco de su obra literaria, el verso en particular "El Divino Narciso". El postre fue obra del chef Alfonso Rivera.

Quienes quieran vivir esa experiencia podrán hacerlo cada martes a partir del 3 de diciembre. El costo por persona es de $650.00 e incluye: la visita guiada por la UCSJ, un video en La Celda de Sor Juana,
un coctel de bienvenida, menú de tres tiempos, agua del día o refresco, una copa de vino, café y servicio.

En lo personal fue una gran experiencia el conocer a Sor Juana desde otro ángulo, comiendo delicioso en el proceso. 

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