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La semana pasada Hollande, presidente de Francia, anunció su intención de recortes y entre sus medidas se encuentra la aprobación de un decreto con el gravará las rentas superiores al millón de euros anuales ¡con el 75%! Sin mencionar el aumento al impuesto de herencias.

A los pocos días de que se anunciara dicha medida se filtró a los medios de comunicación que Bernard Arnault, dueño del grupo de lujo LVMH, solicitaría la nacionalidad belga. Eso ha encendiddo los ánimos en Francia de una manera tremenda por lo mucho que eso se asemejaría a un exilio fiscal.

Ante el revuelo causado los portavoces de Arnault salieron al paso diciendo que el empresario estaba comprometido con la creación de empleos y continuaría tributando en Francia. Aunque obviaron que cuando François Mitterrand, socialista al igual que Holland, llegó al poder se exilió en Estados Unidos por más de tres años.

Las versiones viene y van. Según Le Figaro, la petición es porque desea “reforzar los lazos capitalistas” de Arnault con su amigo y homólogo, el barón belga Albert Frére. Otra versión maneja que Arnault estaría enojado con un supuesto trato de favor hacia Hermès, cuya familia fundadora cuenta por cierto con algunos exiliados fiscales. LVMH entró en el capital de Hermès de muy buenas maneras.

La cosa parece que ha ido aún más allá cuando le periódico Libération publicó una polémica portada, con un duro editorial incluido, con el encabezado "Lárgate, rico imbécil". Es un poco un juego de palabras porque Sarkozy usó una frase casi idéntica, sin el 'rico', durante unos de sus mitines; cabe recordar que Arnault es amigo personal de Sarkozy y uno de sus mayores apoyos para su entiguo gobierno desde sus periódicos.

Ante dicha portada Arnault ha decidido denunciar al periódico por injurias públicas, argumentando estar siendo difamado.

Sea como sea, esto acaba de empezar. En algunos foros franceses se habla de boicot...algo que sería difícil de hacer porque los grandes compradores del grupo LVMH seguramente también serán evasores fiscales y la clase trabajadora, que apoya esa medida, no compra sus marcas.

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